24 de noviembre de 2013

El calendario marcaba la fecha: 21 de noviembre. En mi almanaque personal la cifra era otra: 19 de septiembre. Para el resto del mundo era un jueves de otoño, sobre las 20:30. En mi corazón las agujas marcaban una hora menos en el reloj de mis emociones. Yo, la muchacha que un día cargó con su maleta vacía de certidumbres hasta el barrio de la Feria, fui entonces el rayo de sol para el que, afortunado, se reserva la dicha de alumbrar el rostro de quien todo lo soporta. Fui yo. Ese haz de blanca luz silenciosa, heredada por natura, que sin saberlo nace un día para buscar el alfa que dé sentido al omega el resto de su vida. Yo me sentí el resplandor que en otro tiempo había vagado entre tinieblas sin entregarse a la mirada que sana las heridas y despeja la incógnita en la eterna fórmula. Guiada secretamente, ya había traspasado antes el umbral, sondeado tus proximidades, rondado tus plantas... hasta que, al fin, hallé el valor para posarme sobre mi destino.

No me hizo falta colarme por el ventanal; las puertas se me abrieron de par en par. Mano derecha sobre la Palabra y labios sobre los cánones. El hombre que coloca la medalla alrededor de mi cuello, a un tiempo, está poniendo el blanco antifaz sobre la cabeza de los hijos que están por venir.

Noviembre, primavera del otoño; y en mí el ardor último del verano. Anacronismo que hace repicar campanas de Domingo de Ramos en los pulsos de mi sangre. Calendario de cifras por descifrar. Quiero que en ti empiece todo. Esta centella esquiva y errante ya encontró su posada. Como la flor del naranjo a la cuaresma, te pertenezco. Tú eres mi Esperanza. Porque fui llama en lucha contra el asfixiante viento hasta que te descubrí tras los muros de San Juan de la Palma. Te di el sí y te besé la mano. Nunca un corazón sintió en sí más gozo estando más lleno de Amargura.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Ana. Gracias por compartir estas vivencias en tu blog. Me ha parecido preciosa tu descripción de lo que has sentido en tu encuentro con San Juan de la Palma, desde el día de San Genaro hasta el 21 de Noviembre. En cierto sentido siento una envidia sana, hacia quienes como tú descubrís a nuestra Madre Mara y al Señor del Silencio en una suerte de Serendipia. Es algo que a mí me resulta imposible, pues fui bautizado ante ella y aprendí a decir su nombre a la vez que aprendía a hablar. Y quizá por eso, en determinados momentos de la vida, te distancias como a veces lo haces de tu propia familia, aunque también es cierto que el vínculo que se siente al haber crecido junto a ella es tan fuerte que con sólo mirar sus ojos te sientes en casa, como un hijo a quien su madre ampara, una madre con la que todo vuelve a cobrar sentido. Tú ya estás sintiendo esto. Enhorabuena.
Bienvenida a nuestra casa,
Un hermano.